Testimonios

¡Quiero Ser Sana, Y Punto!

Ojalá me recuerde, pastor Pabón.

Digo esto porque lo entiendo cuando dice que es casi imposible recordar los rostros de tanta gente que a diario cruza por su camino. Pero mi deseo es que me recuerde y también que recuerde mi sonrisa como resultado de la sanidad que hoy recibí. Una sonrisa sincera de una mujer sana emocionalmente. Déjeme contarle.

Irónicamente, he sido una mujer físicamente sana, a mis 56 años no sufro de ningún achaque físico, gracias a Dios… nada que ver con mi salud interior.

Fui uno de esos niños que crecimos entre las bancas de un templo (me imagino que ya ha escuchado esta frase antes). Mis padres, pastores desde mi nacimiento. Crecí en un pueblo de México donde mi papa pastoreo por 12 años una iglesia muy bonita. Bueno, mis padres sinceramente fueron un matrimonio hermoso y lleno de amor. En ningún momento quiero que se piense que mis padres fueron negligentes en el cuidado de sus hijos. Hace 3 años fueron a estar con el Señor, uno detrás del otro, ni un año transcurrió para que mi mama siguiera a mi papá. Mi papá siempre decía: señor, no me lleves hasta que todos mis hijos están en tu camino. Mi hermano, el más chico, nunca había tenido un encuentro personal con Dios. Hace cuatro años tuvo un encuentro tan bonito con Dios que mis padres viajaron 10 horas para venir a presenciar el bautismo en aguas de mi hermanito. Después del servicio nos reunimos a comer, y mi padre ya de 82 años levantó sus manos al cielo, y dijo <ahora sí, Señor, cuando tú digas.

¿Quiere saber de qué fui sanada? De mis emociones, de mi carácter, de mi amargura, de un corazón duro. Le quise testificar porque por medio de su mensaje me di cuenta de la razón de por qué no había recibido sanidad. Después de tantos años por fin HOY le dije al Señor ¡Si! ¡QUIERO SER SANA, Y PUNTO!

Porque como el paralítico de Betesada, por muchos años decía “Pero Señor es tu culpa, tú permitiste que me lastimaran cuando apenas tenía 8 años de edad. ¿Pero por qué?

Ahora me preguntas, ¿quieres ser sana?”

Cuando tenía 8 años se hizo una remodelación del templo de la iglesia que mi papá pastoreaba y se contrató gente para los trabajos que los hermanos de la iglesia no sabían hacer, y uno de esos hombres abusó sexualmente de mí. Durante años, después de eso, desarrollé un carácter rebelde, depresivo de coraje, de pleito, de amargura, fue difícil para mis padres lidiar conmigo.

Ellos nunca supieron el motivo. Pero siempre supieron que algo estaba mal. Crecí así y me case a los 19 años con el primer joven que me pidió casarme. Puedo decir que arruiné su vida y vino el divorcio. Aun así Dios me bendijo con dos hijas hermosas. Sabía que algo no estaba bien conmigo y entendía el porqué de esta enfermedad emocional, además me acerqué a Dios, aunque nunca le permití que me sanara, hasta hoy que entendí POR QUE.

Desde hace 20 años tengo una mejor vida, pero no tan buena como después de HOY en el que El me sanó. Por años le pregunté al Señor dónde estaba ese día… Desde hoy no preguntaré más, ahora que soy sana no siento la necesidad de entenderlo, solo le doy gracias a El por mi sanidad, me siento libre, si, eso es, libre, liviana, por primera vez en mi vida.

Dios lo bendiga y lo siga usando para su gloria.

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