Mi Casita
Abrirá Sus Puertas!

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

- Corintios 9:7 Reina - Valera 1960

Mi primera visita a Cusco ocurrió en 1982. Desde entonces he regresado en varias ocasiones. Juan José Rodríguez y Margury, su esposa, son hijos espirituales que sintieron un llamado divino para establecerse como misioneros en el Perú. Esto ha dado un mayor impulso a nuestro trabajo en toda la región andina. Nuestro corazón fue cautivado por la necesidad existente entre las niñas de la región. Por algún tiempo hemos dado la mano ayudando a organizaciones que sirven a esta población. Pero gradualmente se hizo evidente que Dios requería de nosotros que hiciéramos algo más. Recibimos la llamada de las autoridades para ver si podíamos recibir cuatro niñas que habían sido rescatadas de las manos de delincuentes. Se trataba de cuatro hermanas de 11, 10, 9 y 8 años. Su padre las había vendido y eran llevadas en auto para intentar cruzar la frontera. Gracias a las autoridades fueron rescatadas. Con el corazón quebrantado, tuvimos que informar que nuestro hogar (Mi Casita) no estaba listo para recibir a las niñas. Esa noche no pude dormir, preguntándome dónde pasarían la noche aquellas criaturas. Le dije a Juan José, hagamos lo que sea necesario para alistar nuestro hogar. Ya tenemos una casa amplia donde recibir a las niñas. ¡Gloria a Dios! Pero nos falta un largo tramo por recorrer. Estamos en proceso de pintar, arreglar algunas cosas y amueblar. Cocina, sala, habitaciones, área de recreo y estudio son la prioridad. Los equipos son costosos. Nos preparamos para atender a unas treinta niñas en este lugar. Esta es una gran victoria.

Las palabras del Salmo 10:14 “… A ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del huérfano”, definen claramente el espíritu con el que trabajamos en este proyecto. Las víctimas indefensas no tienen otra esperanza sino la bondad de Dios mostrada a través de su pueblo. Estas niñas verán la mano de Dios sólo si usted y yo extendemos las nuestras para ayudar. Le ruego que haga “click” en el enlace a pie de esta página y haga una ofrenda que ayude a llevar esperanza a una criatura que a temprana edad se ve privada de los derechos más básicos. En Mi Casita hay voluntarios trabajando para lograrlo, apoyémoslos. Las otras áreas de nuestro ministerio no se detendrán. Continuamos colocando la Biblia del Pescador en las cárceles, las campañas evangelistas no se detienen, los seminarios y adiestramientos avanzan y Dios nos multiplica las fuerzas como las del águila. No obstante, la urgencia del momento es lograr que Mi Casita comience a recibir niñas. Muchos de los incidentes que nos cuentan no pueden ser compartidos, pero sepa usted que estamos recatando niñas de la prostitución, el maltrato, el analfabetismo, la desnutrición, y compartiéndoles a Cristo, para que conociendo el amor de Dios se les abra una ventana de esperanza. ¡Gracias por su ofrenda de amor!

En abrazo fraternal,
Dr. Díaz-Pabón