Su Iglesia ¡Tiene Posibilidades!

Por Dr. Luis Ángel Díaz-Pabón

Durante la década de los setentas leí un libro escrito por el Dr. Robert Schuller, pastor en la Catedral de Cristal en California. El libro se llamaba: “Su iglesia tiene posibilidades”. Hoy le tomo prestado el título para convertirlo en este artículo.

De seguro, alguna vez se ha preguntado: ¿Cuál será el tipo de iglesia que agrada a Dios: la grande o la pequeña? Hacer una pregunta de esa naturaleza es estimular a que se arme el lío de los pastores en cualquier reunión. No faltará quien dé la vida asegurando que la iglesia pequeña es la ideal y que esa es la que agrada a Dios. Argumentará que un pastor no puede atender o pastorear a más de doscientas personas de forma apropiada, que el amor y la comunión se logran mejor en grupos pequeños, y que Jesús mismo sólo tuvo doce discípulos.

Inmediatamente otro hará sentir su presencia oponiéndose a lo antes dicho. Este sostendrá que la mega-iglesia ha sido el plan divino desde la eternidad. Que solo una iglesia nutrida numéricamente puede responder a los desafíos bíblicos de: “Id por todo el mundo”. Que donde hay salud hay crecimiento y que Jesús aunque tenía doce apóstoles, realmente era seguido por una multitud de discípulos.

Y claro que los oyentes cerrarán filas con la postura de quien más les simpatice. Pero, ¿Dónde queda Dios en todo esto? ¿Con quién está el Señor, con los tiernos e íntimos grupos pequeños o con las poderosas e influyentes mega-iglesias? ¿De qué lado está usted y de que lado está Dios? Tal vez si miramos la Biblia con detenimiento descubramos que Dios está con ambos y en contra de ninguno.

Mega-Iglesias

Ocupémonos primeramente de la llamada mega-iglesia. ¿Existe un precedente escritural  que justifique la existencia de enormes congregaciones locales, pastoreadas por varios ministros?

La respuesta es sí. La primera iglesia que existió en el Nuevo Testamento fue lo que hoy llamaríamos una “Mega-iglesia”. Sólo que no le llamaron así porque a los discípulos les pareció normal que la iglesia del Señor fuera grande e influyente.

El impacto inmediato de Pentecostés se reflejó en el incremento sustancial del número de creyentes en Jerusalén. Hechos 2:41 “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. Una iglesia que suma en un solo día tres mil personas a su membresía, sobrepasa las expectativas de la más robusta mega-iglesia.

Esta maravillosa victoria no detuvo a la iglesia en Jerusalén. De inmediato vino un segundo impacto: Hechos 4:4 “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.” En este caso no se mencionan las mujeres ni los niños que, igualmente, deben haber sido varios miles. A los tres mil del capítulo anterior sumémosle estos cinco mil y la iglesia de Jerusalén supera los ocho mil. Si a esto se le suman las mujeres y los niños, no tengo idea de cuantos serían.

Crecer de esta manera produce muchas alegrías pero genera algunas dificultades. Y en Jerusalén no se hicieron esperar. En el capítulo cinco de Hechos aparecen aquellos que no viven el cristianismo con sinceridad pero pretenden aparentarlo. Ananías y Safira su mujer, son un clásico ejemplo de esto. Pero el Espíritu Santo estuvo con Pedro para enfrentar esa dificultad con la autoridad de Dios.

Ya en el capítulo seis del mismo libro, la recién nacida iglesia enfrenta otros problemas: Hechos 6:1 “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.” Todo esto no es otra cosa que: “Dolores de crecimiento”. Porque crecer siempre duele. En el caso de Jerusalén, la fuerza de trabajo de los apóstoles no era suficiente para atender a tanta gente.

Pero una vez más, Dios dio sabiduría a sus ministros para resolver la situación. Reclutaron nuevos obreros y así nace un importante ministerio diaconal que más tarde es institucionalizado en la iglesia. Los dolores de crecimiento no pudieron detenerla ni limitar su efectividad.

La iglesia en su casa

Con todo lo importante e impresionante que pueda resultar ver el nacimiento y desarrollo de una mega-iglesia, el Apóstol Pablo no perdió de perspectiva “la iglesia de su casa”. En varias de sus cartas Pablo alude a este tipo de iglesia. Romanos 16:3-5 “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, 4que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. 5Saludad también a la iglesia de su casa…” Priscila y Aquila, gente selecta, llamados colaboradores del más renombrado apóstol, ministraban a una iglesia que cabía en su casa.

El mismo Pablo escribe al influyente, próspero, propietario de esclavos y fiel cristiano Filemón; haciendo memoria de la iglesia que está en su casa. Filemón 1 y 2 “Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, 2y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa:”

En Colosenses 4:15, “Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.”; Pablo se ocupa de saludar, no solo a la iglesia en Laodicea, sino también a la que está en casa de Ninfas. A la vista de Pablo, las congregaciones de menor cantidad de miembros, no pasaron desapercibidas. Mucho menos a los ojos de Dios.

Esta gloriosa historia comienza en Pentecostés y ha continuado su desarrollo a través de la historia. En los tiempos modernos hemos vivido otros “Pentecostés”. Tal vez el caso más notorio fue el de Los Ángeles, California en la calle Azusa.

William Seymour, un predicador de raza negra, de muy poca educación formal y de humilde ascendencia siente el llamado de trasladarse a Los Ángeles para iniciar allí su trabajo ministerial. Esto ocurre durante los primeros meses del 1906. Llegado el mes de septiembre se reportaban ya, más de trece mil convertidos. La visitación del Espíritu Santo fue llamada; “Avivamiento”. Ese oleaje del Espíritu recorrió la tierra en poco tiempo. En los años subsiguientes nacieron muchas de las hoy conocidas denominaciones pentecostales.

En los años cincuentas ocurre una segunda ola del Espíritu Santo y muchas de las denominaciones históricas recibieron en sus cultos, manifestaciones espirituales de la misma intensidad que los pentecostales. El Espíritu Santo no era exclusivo de los pentecostales. No fue fácil para algunos aceptar esto; pero bautistas, metodistas, presbiterianos y muchos más veían en sus reuniones a cientos de hermanos ser llenos del Espíritu Santo.

Todavía la iglesia tenía que vivir algo más. Durante la década del sesenta otra ola del Espíritu sacudió los cimientos de la iglesia. Católicos, tanto laicos como clérigos testificaban haber vivido una experiencia con el Espíritu Santo. El movimiento carismático creció fuera de todo control denominacional.

La Iglesia del siglo veinte fue testigo de todo lo que le he dicho. Pero aún falta por escribirse una página en el libro de los Hechos y la escribirá la iglesia del siglo veintiuno. Hoy el Espíritu Santo nos llama a subirnos en su ola.

No se asuste: Súbase a la ola del Espíritu porque… “Su iglesia tiene posibilidades”.

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2 comments

2 Comentarios

  1. avatar

    Pastor, muchas bendiciones.
    Si es iglesia grande o pequena, creo que Dios ministra de igual manera de acuerdo a la necesidad.Es mi opinion que lo que realmente cuenta es el grado de espiritualidad en cada individuo y los dirigentes de esa iglesia, grande o pequena.Que tan acoplada esta esa iglesia cuando viene la necesidad, el favor, el caminar esa milla extra, para cumplir la necesidad de la iglesia, hermanos, familias y ajenos que no conocen a Dios como esperanza. Si Dios se manifiesta sea la iglesia grande o pequena ese es el estimulo de la gente.Personalmente, me siento mejor con una iglesia como la que tenemos, en donde se pueda conocer a otros hermanos mas intimamente.
    Bendiciones…

  2. avatar

    Cada iglesia, comparada con un miembro del Cuerpo, tiene caracteristicas propias y adecuadas a su funcion. La pierna no es mas “cuerpo” por su proporcion, ni la tiroides por su volumen.
    Mejor evaluar su funcionamiento que su dimension.
    Si evangeliza, discipula y manifiesta el Reino, tal iglesia es completa.

    Claro que tiene derecho a saber cuantos fieles hay “mi iglesia” :
    menos de 100.


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