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Cuando Hasta La Casa Arde

El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.

Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias.

Entonces un día, tras de merodear por la isla en busca de alimento regresó a su casa para encontrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo.

Quedó anonadado de tristeza y rabia. “Dios, ¿cómo pudiste hacerme esto?”, se lamentó. Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a rescatarlo.
_”¡¿Cómo supieron que estaba aquí?!”, preguntó el cansado hombre a sus salvadores.
_”Vimos su señal de humo”, contestaron ellos.

No es extraño que cuando las cosas salen mal sintamos desánimo, tristeza y hasta coraje. Aun así no podemos perder de vista que en un mundo caído los problemas están a la orden del día pero Dios no pierde el control de las circunstancias. Dios trabaja en nuestras vidas en medio de las circunstancias más extrañas.
 
La próxima vez que sienta que todo está saliendo mal y vea que aun su casa arde en llamas, recuerde que esa puede ser la señal de auxilio que el Espíritu Santo use para enviar el oportuno socorro. Dios siempre llegará a tiempo.

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Adiós al Profeta

 

Por Dr. Díaz-Pabón

 

Uno de los grandes profetas ha partido de este mundo. Extrañaremos a David Wilkerson.
Yo apenas tenía dos años cuando el pastor Wilkerson fue llamado por Dios a ministrar en la ciudad de Nueva York a los pandilleros y drogadictos, era el año 1958.
 
Durante mi niñez en la iglesia, teníamos héroes como todos los niños. Queríamos ser como Superman o Aquaman. Pero cuando se trataba de asuntos espirituales nuestros héroes eran mucho más reales. En los primeros lugares teníamos a Nicky Cruz y a David Wilkerson.
 
Claro que Wilkerson era nuestro super-heroe. La historia de un joven predicador que sale de la tranquilidad de una vida de paz en el interior del país para arriesgarse evangelizando a los más violentos delincuentes juveniles en la Gran Manzana, nos inspiraba.
 
La primera vez que escuché a alguien hablar de droga, peleas, puñales, muerte y pandillas desde un altar fue a Nicky Cruz. Él cambió la forma en que se testificaba en las iglesias. Fue la primera vez que escuché algo tan gráfico. Hasta entonces los testimonios parecían disimular lo malo que habíamos sido. Pero los jóvenes de “Teen Challenge” estaban dispuestos a confesar aun sus más íntimos delitos sin importar las consecuencias. Fue una revolución en su género.
 
El libro de Wilkerson “La Cruz y el puñal” nos hizo llorar, reír y arrepentirnos. A la luz de esas páginas la vida cristiana no era nada aburrida, más bien emocionante. Luego vino la versión cinematográfica y los jóvenes de aquella época sentíamos que la iglesia estaba haciendo cosas de avanzada. Invitar a nuestros amigos para ver “La Cruz y el Puñal” era algo maravilloso.
 
Yo sentía que el mensaje cristiano era pertinente y que tenía un recurso poderoso para ayudar a mis amigos perdidos. Los testimonios de Wilkerson y sus hijos espirituales no eran cuestión de juego. Fue una época en que vimos a Cristo entrar al “ghetto” disfrazado de predicador. Lo vimos en las calles, las cárceles, las escuelas y aun en la farándula. Los años sesentas y los setentas fueron marcados por este hombre de Dios.
 
Recuerdo cuando salió su libro “La Visión”. Parecía una novela de terror. Su mensaje profético hablaba de una sociedad en decadencia, de un dólar debilitado y unos Estados Unidos alejándose del plan de Dios. Hoy al recordar esos mensajes me parece que repaso un libro de historia.
 
Los últimos años de Wilkerson fueron de viajar constante. Participó en gran cantidad de congresos y conferencias a pastores. Su mensaje fue constantemente un llamado a la santidad, al estilo de vida recto y a la completa dependencia de Dios. Como si sospechara que sus días se acababan predicó, enseñó, profetizó y proclamó este mensaje a todo pulmón.
 
Nuestro hermano Wilkerson ha partido pero siempre le recordaremos por su fidelidad y verticalidad. La iglesia perdió un profeta pero el cielo ganó un príncipe.
 

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Instrucciones Para Vivir

Un anciano contaba de un niño que antes de nacer pedía instrucciones a Dios para vivir en esta tierra.

Dios acercó su voz a mi oído y me dijo:

Sé como el sol, levántate temprano y no te acuestes tarde…

Sé como la luna, brilla en la obscuridad, pero sométete a la luz mayor…

Sé como los pájaros, come, canta, bebe y vuela…

Sé como las flores, enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces…

Sé como el buen perro obediente, pero nada más a su Señor…

Sé como la fruta, bella por fuera, saludable por dentro…

Sé como el día que llega y se retira sin alardes…

Sé como el oasis da tu agua al sediento…

Sé como la luciérnaga, aunque pequeña, emite su propia luz…

Sé como el agua, buena y transparente…

Sé como el río siempre hacia delante…

Sé como el cojo de la Hermosa, levántate y anda…

Sé como José, cree en tus sueños…

Sé como el cielo, morada de Dios…

Sé como Jesús, mi hijo amado…

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¡He aquí el hombre!

Por Dr. Díaz-Pabón

 

“Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!”

Juan 19.5

 

Una multitud de furiosos y prejuiciados enemigos procuraban la muerte de Jesús. Entre ellos había todo tipo de personas. Mientras la multitud enardecida reclamaba la vida de Jesucristo Aparece Pilato con Jesús coronado de espinas, golpeado y humillado. De pronto, una declaración que me ha hecho pensar profundamente en el significado de la palabra hombre: ¡He aquí el hombre!

 

Quienes respiraban odio y maldad contra él se sentían muy hombres. Allí estaban, de seguro, aquellos que creían que el verdadero hombre es aquel que tiene muchas mujeres. Los que intentan mostrar su hombría tomando cuantas mujeres pueden sin importarles el sufrimiento que con eso producen e ignorando por completo el orden de Dios para la familia. A estos Jesús les fue presentado como “el hombre” pero sin mujeres. ¡Qué contraste!

 

También, creo que hicieron presencia los groseros. Los que tienen la boca llena de vulgaridades y así logran que sus argumentos sean escuchados. Los que a falta de razones sabias se imponen por el volumen de su voz reduciendo a sus esposas al amargo silencio. A los tales también se les presento “el hombre”. Pero no el bocón sino el que sin abrir su boca fue llevado al matadero. Uno cuyas frases revolucionarias no destilaban odio sino perdón, amor y compasión. Los contrastes continuaron.

 

Los adinerados no podían faltar. Los que le ponen precio a todo. Los que dicen “tanto tienes, tanto vales”. Los que piensan que la felicidad se compra y los seres humanos también. Los que intentaron algunas vez comprar el don de Dios y en otras ocasiones se alejaron de Jesús preocupados al ver que este no estaba interesado en sus riquezas sino que los exhortó a darlas a los pobres. Los que creen que se es más hombre cuando se posee más y que el propósito de la vida es acumular. Difícil les resultaría oir que Pilato llamara “el hombre” a uno que ni siquiera tenía donde recostar su cabeza. Al que para enriquecer a todos se hizo pobre.

 

También se hicieron presentes los que muestran su hombría mediante golpes. Los guapos, bravos, violentos. Los que imponen la ley del más macho con sus puños, armas u otras formas de agresión. Y qué ironía que el Rey de Reyes no tuviera un ejército que lo defendiera, que ordenara a Pedro guardar su espada, que prohibiera devolver mal con mal.

 

Estoy convencido de que se les hizo complicado oir las palabras de Pilato e imposible entenderlas: “He aquí el hombre”.

 

Posiblemente el mismo Pilato no tuvo conciencia de la profundidad de su declaración. Pero al presentar a Jesús como “el hombre” estaba dando respuesta a las interrogantes y vacios de los corazones de todos cuantos acusaban al Señor. Hombres que necesitaban un modelo. Que habían seguido los ejemplos de una sociedad caída y una religión deteriorada.

 

Jesús no fue presentado como un hombre sino como “el hombre”. El verdadero hombre, el verdadero modelo. No escribió un libro, no tuvo un hijo y tal vez tampoco sembró un árbol, pero quién puede negar que su vida fuera plena. Quién puede negar que fuera el más hombre de todos los hombres y el único perfecto.

 

Mis amigos, cómo nos han engañado y nos han vendido una hombría que no es tal. Cómo nos hemos desviado de senda. Si aquella multitud no tuvo la capacidad de apreciar al que se le presentaba como “el hombre” nosotros sí. Miremos a Jesús y tomemos la decisión de ser hombres verdaderos, como él. No haber estado en el patio de Pilato no nos pone en desventaja, la realidad es que Dios nos lo presenta desde el calvario y podemos oír sus voz llamando nuestras atención: “He aquí el hombre”

 

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Como a un vaso más frágil

Por Fernando A. Jiménez

 

Lo que Dayana nunca quiso decir, delante de su pastor y que afloró aquella mañana—en medio de la tormenta en la que se había convertido su vida–, era que por diecisiete años su esposo la había abusado. “No entiendo; ¿por tanto tiempo fue víctima y no dijo nada?”, interrogó el funcionario judicial que realizaba la diligencia en una Comisaría de Familia, llena de estantes con folios y papeles, algunos de ellos amarrados con cordeles para evitar que se desperdigaran ante la fuerza del ventilador.

–Sí, sí, realmente preferí callarlo…–admitió la mujer para prorrumpir, seguidamente, en llanto al enfrentar la cascada de imágenes que vinieron a su mente y en la que se sucedían incidentes en los que Rodolfo pretendía intimar con persuasión, y si no lo lograba, recurría a la violencia.

La gota que rebosó la copa ocurrió la noche que—ante la negativa de su joven esposa—decidió tirar la lámpara con violencia, desde la mesita de noche. Luego empezó a gritar furibundo, dando vueltas como león enjaulado en la habitación y finalmente, en lo que ella interpretó como locura—producto de la frustración—despertó a su hijita y la llevó—cerca de la medianoche—a ver televisión en la salita de estar.

–Y tú no digas nada, Dayana. Ni te acerques porque soy capaz de golpearte—le advirtió ante sus ruegos de que dejara ir a dormir a la menor. La niña no hacía otra cosa que llorar.

Aquel incidente, como por arte de magia, tornó más largas las horas, el reloj parecía marchar con nostalgia y lentitud, la misma que despierta ver morir la tarde junto al mar oyendo el murmullo de las horas, y las primeras luces del día la sorprendieron sin conciliar el sueño. Esa situación desesperada fue la llevó a tomar la decisión de denunciar a su marido.

–Llegué al límite—le dijo al empleado judicial que aporreaba el teclado del computador, como si en cada tap tap estuviera imprimiendo la fuerza contundente de una noticia de última hora.

Terminaban largos meses y años de sufrimiento. Salió de aquél edificio con la misma sensación de quien acaba de liberarse de una pesada carga.

Un fenómeno creciente

La agresión intrafamiliar, y más aún, la violación literal del cónyuge—avivado por el carácter machista que prima en muchos países del continente americano—, representa un fenómeno que cobra cada día mayor fuerza y que en una sociedad que privilegia los derechos del hombre sobre los de la mujer, termina aceptándose como algo “normal”.

En criterio de la presidenta del Centro Latinoamericano de Salud y Mujer (CELSAM), Diana Galimberti, el asunto es más serio cuando el agresor sexual es el compañero y no un desconocido. A su turno el coordinador del Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer –ICRW en inglés–, Gary Barker, considera que “Cuando se trata de un extraño para la mujer, hay un mayor reconocimiento de que se trata de una violación, por cuando ocurren dentro del matrimonio en muchos países se piensa que—como ella aceptó una vez—lo hará siempre”.

En este último concepto coincide la especialista brasilera Ley María da Penha, quien señala que “La violencia sexual es cualquier conducta que obligue al cónyuge a mantener o participar en una relación sexual no deseada, bien sea mediante intimidación, amenaza, coacción o uso de la fuerza”.

¿Cuál es el problema? Que en la mayoría de las culturas la intimidad se considera una obligación al interior del matrimonio. Pero, ¿es esto lo más apropiado?¿Está esa posición en coincidencia con la voluntad de Dios?¿Qué dice la Biblia al respecto?

La mujer, vaso frágil

En un alto porcentaje de los casos de violencia intrafamiliar y en el hecho específico de violación sistemática al cónyuge, es la mujer quien lleva la peor parte. Históricamente ha sido así.

Lo interesante es que cuando vamos a la fuente de nuestra orientación, la Biblia, encontramos que Dios le da una posición privilegiada. La definición la hizo el apóstol Pedro cuando escribió: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3.7) La concepción resulta a todas luces interesante. Propone, dentro del marco de la vida cristiana práctica, un trato sabio para la esposa, lo que indudablemente está ligado a un trato amable, amoroso, considerado y respetuoso. Cuatro principios que honran el matrimonio y glorifican a Dios. Obligar a la esposa a tener relaciones sexuales, además de violentar su voluntad y representar un comportamiento agresivo, va en contravía de lo dispuesto por Dios.

Hay que agregar el hecho de que las mujeres son “co-herederas de la gracia”, característica que les hace igual a usted y a mí delante del Señor. No somos más importantes. Hombre y mujer, en Su presencia, tenemos igual nivel.

Un tercer aspecto que debemos considerar es que un hogar inmerso en problemas, y más aún, en el que la mujer sufre mal trato, genera un ambiente adverso para que las oraciones sean escuchadas.

Amor hasta el límite del sacrificio

Cierto día, en un hospital, aprecié una de las imágenes más conmovedoras de que tenga memoria y que comparto con ustedes: un hombre estaba altercando con médicos especialistas en procura de que aceptaran su propósito de donarle el corazón a la esposa. Ella se encontraba muy enferma y un transplante lucía como la única alternativa viable. “Si me toca morir por ella, estoy dispuesto”, les decía con palabras cargadas de desesperación.

¿Hasta qué punto nuestro nivel de amor y respeto hacia la esposa podría tener acompañamiento con la disposición de morir por ella, si fuera necesario? Es una respuesta que solamente usted se puede responder.

El apóstol Pablo al instruir a los cristianos del primer siglo y también a nosotros hoy, sobre pautas para un matrimonio sólido, recomendó: “Maridos, amad a vuestras mujeres,(A) así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…”(Efesios 5:25) No, no le estoy diciendo que sólo usted como marido debe sacrificarse. Lo que le estoy diciendo son dos cosas, que tal vez otros autores cristianos no hayan abordado: el primero, que el respeto en la pareja se debe manifestar incluso en una relación íntima de mutuo acuerdo. Su esposa no está obligada—permítame hacer énfasis en eso—a absolutamente nada. Si accede es porque lo quiere, no por algún tipo de presión. El segundo, que evidenciar respeto en todas las esferas de su relación de pareja. En el tono de voz que utiliza al hablar, las palabras que utiliza, los modales, gestos y cuanto le expresa a su cónyuge.

Un trato áspero no está en la voluntad de Dios La imagen del “macho latino” en el que se mezclan algo de mexicano, una pizca de colombiano y algo de peruano, de hombres rudos que responde a su mujer con gruñidos, la apartan con brusquedad y la obligan como si estuviéramos en la época de las cavernas, dista mucho de la realidad y más: de lo que Dios espera de nosotros como esposos.

El apóstol Pablo hizo énfasis en este principio cuando escribió: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”(Colosenses 3.19). Amar no es solamente una palabra que se escribe con cuatro palabras y se le dice a la mujer cuando estamos en el período de novios. Amor—en el caso de la pareja—es un sentimiento nacido desde lo más profundo de nuestro ser, que debe expresarse con hechos.

Le invito para que evalúe cuál es el trato que da a su cónyuge. ¿Acaso afloran en usted los instintos y considera que la intimidad es únicamente ese momento de satisfacción personal?¿Agredió u obligó a su esposa a recibirle en la cama? Si es así, ¿ya remedió la situación con ella y pidió perdón a Dios por su actitud? Hoy es el día apropiado para tomar decisiones.

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En El Cielo Será Imposible

Por Dr. Díaz-Pabón

Me encontraba en Puerto Rico predicando cuando me enteré de que el Hno. Pablo, uno de mis predicadores favoritos, estaba dictando conferencias en una de las más influyentes iglesias del país. Me esforcé para llegar a la conferencia del sábado en la mañana.

Que privilegiado me sentí al poder escuchar a este paladín del evangelio. Después de eso lo he escuchado en muchas ocasiones pero nunca olvidaré la primera vez. El hombre no hizo una introducción larga y ni siquiera su saludo fue extenso. Diríamos que fue directo al punto y sin distracciones.

Como un bólido estremecedor arrancó diciendo: “¡Hay una cosa que en el cielo no tendremos la oportunidad de hacer! Es algo acerca de lo cual Dios nos ha insistido para que lo hagamos ahora pero que cuando lleguemos al cielo ya no habrá oportunidad. En el cielo podremos realizar tareas preciosas para Dios. Hablar con él, cantarle, adorarle, preguntarle y aprender todo lo que deseemos. Será preciosa la eternidad pero hay algo que allí jamás ocurrirá.”

Continuó diciendo el predicador: “Allá nunca veremos una vida abrir su corazón para recibir a Jesucristo. No se organizarán eventos evangelísticos, no saldremos a tocar las puertas para compartir a Cristo ni repartiremos tratados en una esquina. Tampoco oiremos al predicador proclamar las Buenas Nuevas y confesar que personas están naciendo de nuevo.”

Temblé como una hoja. Lloré sin consuelo sólo al pensar cuanto tiempo había perdido. Me pasaron por la mente tantas personas y decidí que el resto de mi vida aprovecharía cada oportunidad para compartir el evangelio con alguien.

Estamos viviendo la época más extraordinaria de la historia es cuando único tendremos la oportunidad de evangelizar a nuestros familiares y amigos. La ventana está abierta y el Señor nos mantiene aquí como embajadores.

Ayer tuve que atender en mi oficina a una mujer a quien hace quince años le diagnosticaron cáncer terminal. Su médico le dijo que con dicha duraría unos tres meses. Comentaba la señora mientras hablábamos: “Pastor usted no sabe lo que es ver como el calendario avanza y usted siente que apenas le va quedando un mes de vida. Es una antorcha que se apaga y todo aquello que antes era importante ya no tiene valor alguno. La perspectiva de la vida cambia totalmente y cielo se torna apetecible. Cuando falta menos de un mes para dejar la tierra un minuto es mucho tiempo y deseamos aprovechar cada segundo. No hablamos del año que viene porque las cosas tienen que ser hechas ahora.”

¡Ah! que conversación la que tuve. Esas palabras encendieron en mi corazón la pasión por vivir el presente para Dios. Porque no hay tiempo que perder. Y ¿sabe qué fue lo aprendido? Que tengo que ganar vidas para Jesucristo aquí; Porque en el cielo será imposible.

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Proceso De Fe

Por Dr. Díaz-Pabón

 

Hoy le hablaré sobre el proceso de la fe. Comienza con creer. No lo que espontamente deseamos sino lo que dice Dios. La fe no es intentar creer el capricho que a cada uno se le ocurre, eso es una forma de demencia. La fe, para ser tal, necesita tener una base sólida y esa base es el “así dice el Señor”.

 

La palabra griega “Pistis” significa creer el testimonio de otro. En este caso el testimonio de Dios. Al depositar fe, debemos cerciorarnos que sea en Dios porque de otra manera no tendrá efecto positivo. ¿De qué sirve tener fe en los astros o en imágenes, leyendas, fantasías o en religiones ideadas por los hombres? De nada. Eso no es fe según la Biblia. Fe es creer lo que Dios dice y vivir por ello.

 

La fe opera creyendo, no dudando. Tiene su base en nuestra realidad espiritual no en la emocional. Fe no es un producto intellectual, es más bien un producto espiritual y viene de Dios. Para vivir correcta y responsablemente se necesita fe. Para desarrollar el potencial que Dios ha puesto en usted, necesita fe. De otro modo se llevará su potencial a la tumba. Por lo que debo establecer que en la vida “fe” es un requisito, no una opción.

Es realmente la única opción, no hay más. ¿Para qué sirve la vida sino agradamos a Dios? Para nada. Las Escrituras dicen que sin fe es imposible agradar a Dios, lo que have de la fe el vehículo más excelente para agradarle a Dios. La falta de fe es duda, es desconfianza, es ignorancia.

Por otro lado, la fe es un agente catalítico que have que las cosas sucedan. No basta con tener buenos deseos, buenas intenciones o buenos planes. Se necesita fe para que las cosas pasen de ser deseos o planes y se conviertan en hechos concretos. Las palabras de Jesús en Marcos 11.24 no dejan de estremecerme: “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

Cuando no sepa qué creer, tórnese a la Palabra de Dios y en ella encontrará qué creer. Y cuando ya descubra qué creer; No se dé por vencido, nunca.

Escuché a un pastor contar este simpático testimonio: “Por años una hermana oraba por su esposo alcohólico hasta que se convirtió. Esos años fueron muy difíciles porque el hombre se tomaba hasta el dinero de la comida y del alquiler.

Después de su conversión, un antiguo compañero de borracheras se burlaba de él diciéndole: ¿Ya te enseñaron en la iglesia cómo hacer que el agua se convierta en vino?

La rápida respuesta del que había sido un borracho y ahora un cristiano impresionó a la file esposa: No sé mucho de la Biblia, pero lo que sí sé es que en mi hogar Cristo hizo que el vino se convirtiera en comida para mis hijos, en ropa, en casa y en regalos.” Testimonios como estos me inspiran a afirmar: ¡No se dé por vencido!         

Si es que esperamos una acción divina debemos hacer evidente nuestra fe. La fe demanda acciones correspondientes.

Cuando el misionero Hudson Taylor fue a China, viajó en un barco de velas. Mientras que se acercaban a la Península de Malay y la isla de Sumatra, el misionero escuchó a alguien tocando la puerta de su cabina. Al abrir la puerta, encontró al capitán diciendo, “Señor Taylor, no hay viento. Estamos acercándonos a una isla donde temo hay puros caníbales.”

“¿Qué puedo yo hacer?”, preguntó el señor Taylor. El capitán respondió, “Yo entiendo que usted es un cristiano y que cree en Dios. Necesito que ore a Dios para que nos mande viento.”

“Está bien, capitán, yo lo haré. Pero primero usted necesita levantar y abrir las velas”. “Pero eso sería una locura”, dijo el capitán. “No hay nada de viento. Además, los marineros creerán que soy loco.”

El misionero Taylor mantuvo su posición: Sino iza las velas no oraré pidiendo, a Dios, viento. Después de mucha insistencia el capitán se sometió a la demanda de Taylor quien exigía una muestra de fe, si esperaba que el orare.

Unos cuarenta y cinco minutos más tarde, el capitán regresó para encontrar a Taylor sobre sus rodillas orando. “Puede dejar de orar ahora”, dijo el capitán. “No sabemos qué hacer con todo el viento que tenemos.”

En síntesis mi mensaje hoy es el siguiente: Si espera el viento de Dios, primero debe izar las velas. 

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¿Ha pensado que todo lo material es perecedero?

Por Fernando Alexis Jiménez

 

Los ahorros de toda una vida quedaron invertidos en un yate de dimensiones considerables, el cual finalmente sirvió para transportar a su familia en fines de semana interminables, de sol esplendoroso y brisa con olor a sal por las playas de Miami. “Un sueño convertido en realidad”, se repetía con frecuencia José Ramón Sevillano al apreciar con detenimiento la estructura que se mecía perezosa en el agua.

Con lo que jamás contó era con el huracán que azotó el condado y que, como niño travieso que se asoma a una puerta entre abierta, puso sus pies primero con delicadeza y luego con fuerza, trayendo vientos de una velocidad inverosímil y olas que se levantaban por encima de la altura que todos habían visto alguna vez en épocas de tormenta.

La motonave no soportó los embates del mar. Y se volteó, con una lentitud pasmosa, como en cámara lenta, y con esa misma parsimonia comenzó a hundirse mientras el oleaje arremetía con fuerza para acabar con el maderamen.

El incidente, ajeno a toda voluntad del hombre, fue el que desencadenó la ola de desesperación en la que hallaron las autoridades a José Ramón. Estaba inconsolable. Sólo repetía, como una canción interminable cuando se rayó el acetato: “Era toda mi fortuna. Era toda mi fortuna”.

¿Ciframos en lo material nuestra felicidad?

Pasaron varias semanas antes de que tomara conciencia de la pérdida, irreparable además. Si bien es cierto su ahorro de muchos años había sido invertido en la motonave una circunstancia inesperada había echado por la borda su más preciada posesión.

Hace muchos siglos el rey Salomón escribió: “Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé en hacerlas; y he aquí que todo era vanidad y aflicción de espíritu; y sin provecho debajo del sol” (Eclesiastés 2:8, 11).

Una lección contundente: las posesiones materiales son perecederas. Nada es para siempre, salvo el alma de una persona. Y lo que hoy tenemos, mañana puede no ser.

La búsqueda afanosa de adquirir bienes no satisface el alma. Hay elementos más trascendentes. Están representados en los seres que amamos y a los cuales quizá hayamos descuidado, y algo más importante aún: nuestra posesión eterna, aquella que no compra el dinero sino que se obtiene por fe en la obra redentora del Señor Jesucristo.

Es probable que por trabajar y ocuparse en mil tareas haya descuidado a su familia. ¿Es esto lo que Dios quiere para su existencia? Sin duda que no. Ahora resta que reconozca qué es lo que realmente tiene valor en su existencia.

A propósito, ¿Ya recibió a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador? No deje pasar la oportunidad. Hoy es el día para hacerlo…

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A Cien Pesos El Alma

Por Larry West

Vamos al negocio de ganar almas. Tenemos un capital sin límite y estamos buscando entre la hermandad a aquellos que quieran ganar dinero. ¿Quieres ganar un par de cien dólares extra por semana? Puedes hacerlo con un pequeño esfuerzo adicional.

Aquí está la descripción del trabajo: Cuenta el evangelio a alguien y ganarás cien dólares. Lo que tienes que hacer es contar el evangelio. Dios promete dar el crecimiento (1 Cor. 3:6).

Una vez que la gente oye el evangelio, casi siempre lo siguen y lo obedecen. Es cuando no lo oyen en su totalidad que se aguantan o se niegan a obedecerlo. De la misma forma que hay que entrenarse en una empresa nueva, así hay que entrenarse cuando se quiere ganar almas. Entrenamiento, práctica y desarrollo son necesarios para tener éxito en ganar almas.

Tu puedes ganar dinero extra, aún cuando trabajas en tu empleo presente. Puedes ganarlo en tu residencia, en tu oficina, mientras haces fila en algún supermercado. Puedes hacerlo mientras pescas en tu lugar favorito o mientras estás sentado mirando tu hijo jugar pelota.

Cuenta el evangelio a alguna persona y ganarás cien dólares. Si te gusta hablar con la gente, puedes sorprenderlos con la nueva de que han recibido un premio que vale más que cualquier premio de la lotería y TE PAGAN POR HACERLO. Debes aprovechar las oportunidades. Entre a más personas le hables, más dinero ganarás. ¿Quieres más? Tenemos un incentivo adicional: las primeras 500 personas que respondan a este anuncio recibirán un bono de $50.00. Favor de llamar hoy mismo.

¿Te sorprendes con el anuncio de arriba? No es real. ES FALSO. Pero a veces pienso que si tal anuncio fuera verdadero, ¿cuántos de nosotros nos olvidaríamos de nuestras excusas acostumbradas? ¿Nunca has pensado en esto? A $100.00 por alma, ¿cuántos estaríamos más dispuestos a hablar? ¿Cuántas veces cambiaríamos el tema de conversación a la gente de deportes y de política para hablar del evangelio? ¿Estaríamos más dispuestos a hablar con nuestros familiares y con gente nueva? Los hermanos de “Yo-no-puedo” y los “No-es-mi-talento” dirían “Como necesito el dinero voy a tratar”.

Predicar el evangelio no es cuestión de talento si no que es simplemente asunto de prioridades. Es asunto de amor para el Señor y para las almas perdidas.

Si pudiéramos ganar $100.00 por contar el evangelio a una persona, ¿cuántas iglesias perderían tiempo en confraternidades y actividades para los jóvenes? En sí, estas actividades no son malas pero durante estas actividades estaríamos aprovechando el tiempo contando el evangelio. De hecho, un alma vale más que $100.00. La verdad es que vale más que todo el dinero del mundo. Eso es verdad. Y si es así, ¿por qué no estamos más dispuestos?

Tal vez cuando leíste el anuncio, no te motivó. Tal vez te dio asco. Es cierto que poner precio a un alma para poder evangelizar da pena. Pero ¿cuánta pena es necesaria hasta que no empecemos a evangelizar? Ofrecer dinero por las almas está fuera de cuestión, pero si yo tuviera los recursos, estaría tentado a hacerlo así. Estoy de acuerdo con el apóstol Pablo quién dijo: “Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún” (Fil.1:15-18).

Hermanos, ¿cuántos estaríamos motivados a poner nuestras excusas a un lado y empezar a hablar a las almas el evangelio si fuera $100. 00 por alma?

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La Fiebre de Cerdito

Por Dr. Díaz-Pabón

 

En una reciente campaña el hijito de la familia que me atendía me preguntó: Pastor, ¿qué significa porcina? La pregunta surge porque yo había hecho alusión al tema de la gripe porcina en uno de los sermones. Intenté explicarle que porcina era alusivo a los cerdos.

Y entonces ocurrió la segunda pregunta: ¿Y por qué a los seres humanos nos tiene que dar fiebre de cerdito? Demás está decirle que me reí hasta el dolor y que eso se convirtió en el chiste de la campaña.

Desde entonces he escrito varios artículos y predicado sermones donde he usado como base la pregunta del niño: ¿Por qué a los seres humanos nos tiene que dar fiebre de cerdito? La pregunta no es tonta y la respuesta no es simple.

No es inusual que un virus de influenza “cruce” la barrera de las especies. De hecho, es común que una persona que está en contacto frecuente con animales se contagie con el virus y viceversa. 

Lo que ahora preocupa a los expertos es que la nueva variante, llamada A/H1N1, que nunca se había visto ni en animales ni en humanos, está propagándose de un humano a otro. Y esto demuestra que el virus tiene la capacidad de mutar rápidamente. Por eso es urgente saber con certeza cómo y cuándo evolucionó el virus hasta adquirir su estado actual.

Hay gripes y fiebres que me preocupan más que A/H1N1. Pandemias de otras naturalezas que hacen mayor daño, matan a más gente y destruyen vidas. De igual modo, como en el caso de la influenza porcina, los síntomas son comunes a otros virus pero al mutar rápidamente parece desarrollar resistencia a los tratamientos convencionales.

Es necesario que al buscar cura para los males de nuestra sociedad nos preguntemos dónde está la raíz del mal, cómo y cuándo evolucionó el virus hasta adquirir su estado actual. Cómo fue que aquello que debió ser olor a vida para vida vino a dar olor a muerte para muerte.

Observe donde estamos, de 50 a 60 millones de niños abortados anualmente. Se calcula que entre 70 mil y 200 mil mujeres mueren en el mundo a causa de abortos inseguros.

Hablemos de otra pandemia, el divorcio. En Estados Unidos se separa una de cada dos parejas, en Europa una de cada cuatro. Más asombroso aun es saber que algunos estudios incluso indican que pronto se producirán más separaciones que matrimonios.

¿Sabe cuándo y cómo llegamos hasta aquí? Cuando renunciamos a nuestra autoridad. Cuando le permitimos a los demás determinar lo que es importante y le permitimos al mundo establecer nuestros valores. Criterio y voluntad son áreas de autoridad que no podemos ceder a nadie. Usted es quien Dios dijo que es y nada cambia esa realidad.

Quien es usted, no lo decide la sociedad. Ya Dios lo decidió. Mírese a usted mismo y acepte lo que dice Dios. No permita que el grosero que va en otro auto lo defina con sus insultos, ni que el compañero de trabajo lo arrastre a donde usted no pertenece. Sea quien es en el Señor sin importarle lo que diga nadie. Tampoco permita que el político lo manipule explicándole qué cosa es políticamente correcta.

Llegamos a donde estamos cuando permitimos que nuestros deseos y gustos se convirtieran en necesidades. Es cierto que deseo ser aceptado por los demás pero créame que no lo necesito. Sería bueno que me aceptaran, pero cuando no me aceptan por mis valores, sigo adelante confesando “si Dios con nosotros quien contra”.

Esfuércese en no renunciar a la autoridad que Dios le dio de ser quien es. Comprenda que para sentirse bien, no es necesario complacer a todos, ni siquiera sus gustos personales. En el tren de su vida usted no es un pasajero sino el conductor. No pase el volante a un vecino, ni siquiera a su mejor amigo. Si el volante está en sus manos entonces es su responsabilidad y tendrá que rendir cuentas por la dirección que lleva su vida.

Si se siente pasajero buscará excusas y culpará a otros de lo que sucede. Pero así no cambiamos. Si se siente conductor, buscará soluciones y tomará acciones pertinentes. La negación es el mayor obstáculo que tiene nuestro futuro. Mientras negamos o buscamos culpables este crucero de lujo que es nuestra sociedad se hunde.

Si reconocemos que nos hundimos sentimos el dolor y entonces hacemos algo. Todavía no sé cómo explicar “por qué a los seres humanos nos tiene que dar fiebre de cerdito”. Pero sé que la pandemia es real y que ya existe una vacuna. Si niego la realidad y no tomo acción la pandemia puede tocar a mis puertas, pero si me vacuno la venzo.

No cedamos ni un grado nuestra autoridad. Echemos mano a la imagen y semejanza que de Dios tenemos y afirmemos nuestra identidad en Dios. La fiebre de cerdito no es para nosotros, pero vacúnese.

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