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Por Luis Ángel Díaz-Pabón
“El pescador vino a buscarme” fueron las últimas palabras de un pastor amigo quien partió con el Señor después de predicar su último sermón. Había sido llevado al hospital tras sentirse mal, aquel domingo. Cuentan que intentó incorporarse y con la mirada fija extendió su mano y comentó: “El pescador vino a buscarme” se recostó y durmió en los brazos de su Señor, mi compañero José Inciarte.
La pasión evangelística de ese pastor nos unió por varias décadas. No me pareció extraño que su última visión de Cristo fuese la de un pescador. A fin de cuentas, así lo visualizó toda su vida. Si hizo de sus discípulos pescadores de hombres es lógico pensar que Jesucristo sea El Pescador por excelencia.
Hace poco más de veinticinco años comencé a preguntarme cómo es que encuentro Biblias con ayudas para realizar casi cualquier tarea ministerial y no encuentro una que me ayude a realizar mi trabajo evangelístico. Mi vida ha estado vinculada a la Palabra de Dios siempre. No sólo porque estudiara teología sino por mucho más.
Yo tenía doce años cuando un predicador invitado a nuestra iglesia me llamó al altar y entre otras cosas me dijo: “Serás ministro de mi Palabra, dice el Señor”. Esas palabras me impresionaron. La otra experiencia que me marcó profundamente fue mi conversión. Durante semanas había estado leyendo la Biblia a solas en mi habitación. Y fue allí donde ocurrió mi encuentro con Cristo. Leyendo el capítulo catorce del Evangelio según Juan el apóstol Jesucristo conquistó mi corazón de niño. Leí, “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” y me sentí invitado por Jesús a vivir en su casa. Mi oración de conversión fue sencilla. Sólo le contesté: “Acepto”. Y sentí que mi vida quedó totalmente comprometida con él. Pasé varias horas en su presencia llorando, orando y dando gracias. No sé cómo ocurrió pero al levantarme sabía que era salvo y que había nacido de nuevo.
No he hecho otra cosa el resto de mi vida sino conducir vidas a Cristo. Por eso era tan importante para mí encontrar una Biblia con ayudas para evangelizar. Después de buscar infructuosamente comencé un ejercicio con pocas pretensiones, escribir en un cuaderno aquellas cosas que mi Biblia debía contener.
Durante estos años logré precisar el contenido y me di a la tarea de preparar ese material y responder a algunas preguntas. ¿Cómo presentar el evangelio y responder a las falsas sectas? ¿Cómo aconsejar y conducir a Cristo a los aconsejados? Vi que dos de las experiencias que más me permitían presentar el evangelio era cuando un miembro de alguna religión trataba de predicarme o cuando una persona se acercaba con problemas.
De esa manera mis primeras listas fueron el producto de mis encuentros con Testigos de Jehová, Mormones, Católicos, Musulmanes, Ateos y otros con problemas personales que se acercaban a buscar una palabra de orientación. Claro, que otra fuente de data han sido mis cruzadas evangelísticas y las conferencias a jóvenes universitarios.
A través de estos años el documento ha tomado forma y finalmente tiene seis secciones principales y varios cientos de temas. En el 2010 conformamos un equipo editorial que consta de cinco personas. Desde entonces este grupo me ha acompañado no sólo a soñar sino a trabajar diariamente y con poco descanso.
Supongo que el sueño de un pescador debe ser “La Pesca Milagrosa”. Así me siento, como un pescador que presagia la más grande pesca de la historia. Por esa razón esta Biblia será llamada “La Biblia del Pescador”, será un instrumento formidable en la vida de todo hijo de Dios. Al alcance de la mano tendrá respuestas evangelísticas en los momentos de mayor necesidad. Podrá encontrar los versículos apropiados para cada ocasión y tendrá sencillas explicaciones que le guíen al compartirlos.
La “Gran Comisión” recibida de parte de nuestro Señor fue: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Cada generación ha tenido paladines que han tomado esta responsabilidad sobre sus hombros. En el siglo veintiuno la iglesia es amenazada como pocas veces en la historia. Por lo que no bastará con que unos pocos predicadores desarrollen eventos evangelísticos mientras la iglesia observa. En esa conducta la iglesia se ha parecido a un partido de baloncesto donde diez jugadores se esfuerzan en una cancha corriendo de lado a lado necesitando urgentemente descanso. Mientras en las gradas una multitud de gordos observan tranquilamente necesitando urgentemente ejercicio.
La iglesia es un gigante en las manos de Dios y tiene la capacidad de llevar bendición y vida al mundo entero. Eso no es un sueño, es la responsabilidad del pueblo de Dios. Uno de nuestros ministros cuando me oyó hablar de “La Biblia del Pescador” me dijo: “Ese es un proyecto de los últimos tiempos”. Desde entonces lo pienso y crezco en la convicción de que es cierto.
El 2013 verá el lanzamiento de esta Biblia y lo haremos con un fuerte énfasis evangelístico. Aprovecharemos la ocasión y visitaremos cada país Latino del mundo dictando semirarios y desafiando la iglesia del Señor a participar en una pesca sin precedente.
El ambiente es propicio, los campos siguen blancos, todo está listo para que se repita “La Pesca Milagrosa”. No se preocupe, en caso de que piense que estoy soñando, no me despierte.
Por Dr. Díaz-Pabón
Adriana había esperado un par de años a que llegara ese otoño para visitar a su sobrina quien vivía en un condado distante al otro lado del bosque. Visitar a su sobrina no era sólo una excusa, aunque realmente la fecha había sido particularmente elegida y se sentía emocionada considerando la oportunidad que tendría de contemplar de cerca la naturaleza en la intensidad colorida de la temporada.
Soñó con esta travesía tantas veces y se preparó con cámara, binoculares y ropa cómoda. Estaría sentada en el lado derecho del tren porque era sabido que desde allí tendría el mejor panorama. Decía para sí misma, quiero devorar el paisaje y retratar cada estampa.
Abordó con la emoción a flor de piel. Entró a su cabina y una vez el tren abandonó la estación, ella inició su proceso de acomodo. Traía tantas cosas, maleta, bolsos, regalos, almohada, filmadora, cámara y computadora para almacenar todas las fotos que fueran necesarias. La idea era estar lista. Arregló el asiento, las cortinas y fue al baño para asearse y poder concentrarse sin distracción en su esperado viaje. Ya todo estaba en su lugar y al alcance de la mano para cuando fuera necesario.
Regresando del baño para finalmente iniciar tranquila la contemplación, escuchó la voz del conductor que anunciaba el nombre de la estación a la que se dirigía Adriana, ¡habían llegado! “No puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido,” comentó ella, “si hubiese sabido que llegaríamos tan pronto no habría perdido tiempo en pequeñeces”.
Cuanto se parece la experiencia de Adriana al viaje de nuestras vidas. Ocupados en la rutina, perdemos lo más importante. Cortos de vista, incapaces de contemplar la gloria que se nos ofrece de continuo, distraídos no levantamos los ojos ni percibimos el propósito eterno. Finalmente, se nos acaban los días y preguntamos, ¿Qué he hecho?, pues nada…pequeñeces.
Por Dr. Díaz-Pabón
Durante mi reciente viaje a Panamá una persona se me acercó para regalarme una tarjeta que decía: Dios deposita cada día a la cuenta de su vida 86,400 segundos. ¿Qué piensa hacer con ellos? Un simpático curioso me miraba intrigado. Le mostré la tarjetita y entre risas me comentó: Si fueran dólares, sería mejor.
El pensamiento me acompañó a la habitación. De inmediato hice el cálculo, 24 horas por 60 minutos es igual a: 1,440 minutos, multiplicado por 60 segundos es igual a: 86,400 segundo. Qué interesante, no sé si alguna vez había hecho el cálculo. De seguro que en el colegio lo debo haber hecho pero no lo recuerdo.
Me sentí rico. Dios deposita 86,400 segundos en mi vida cada día. ¡Qué inversión! ¡Qué confianza debe tenerme para que deposite tanto a mi favor! No, mi curioso amigo no tenía razón. El depósito divino en nosotros no se puede medir en dólares. Dios nos da algo mucho mayor. El nos ofrenda el presente.
Piénselo, si diariamente le depositaran en el banco $86,400.00 y a las 12:00 de la media noche el saldo no usado desapareciera y a las 12:01 le depositaran otros $86,400.00 y así ocurriera cada día. ¿Cuál sería su conducta? ¿Cómo actuaría? Por supuesto que ante tal dádiva la respuesta ha de ser aprovecharlo al máximo cada día. No dejar en la cuenta ni un centavo. Extraer el mayor resultado y prepararse para hacer lo mismo el próximo día.
Los depósitos diarios expiran cada día y la pérdida es suya si no los aprovecha. Perder el hoy es perderlo todo porque el tiempo no puede ser recuperado. Ocupar el presente peleando con un pasado inalterable o fantaseando con un futuro incierto es perder el hoy. Sólo enmienda el pasado aquel que rectifica hoy y tiene futuro quien edifica en el presente.
El valor de un año lo conoce…Quien va a la prisión injustamente.
El valor de un mes lo conoce…La madre que tuvo un bebé prematuro.
El valor de una semana lo conoce…El editor de una revista dominical.
El valor de un día lo conoce…Quien espera los resultados de un laboratorio.
El valor de una hora lo conoce…El enamorado que espera a su amada.
El valor de un minuto lo conoce…Quien perdió el tren.
El valor de un segundo lo conoce…Quien cayó al agua sin saber nadar.
El valor de una décima de segundo lo conoce…Quien llegó en segundo lugar en las Olimpiadas.
Ante tan valiosa dádiva divina lo menos que podemos hacer es ser diligentes. Despertar del letargo y vivir con intensidad, hoy. Ni calcule cuánto le resta al saldo de hoy. Simplemente aproveche el resto. Tome mi consejo, que el tiempo vale más que el oro.
Que me falta por contestar algo. Que ¿a qué vamos a dedicar tan valioso tesoro? La pregunta no es a qué sino a quién. La respuesta es: Al dador del tiempo. Dedique cada segundo a Jesucristo con pasión y deje que él se encargue de lo demás. ¿Dólares? Esos también están en las añadiduras.
por Dr. Díaz-Pabón
“.. Hágase conmigo, conforme a tu palabra”
Lucas 1:38
Una mirada a la primera Navidad evidencia grandes contrastes con lo que sucede en nuestros días. Lo que me mueve a escribir no es lo que abunda hoy y se ausentó en la primera, sino todo lo contrario. Me mueven las cosas que obviamos hoy pero que fueron determinantes en la primera celebración.
La primera Navidad no tuvo la pompa y colorido que tienen las actuales pero el contenido espiritual no tiene comparación. La vida y carácter de cada uno de los personajes principales fue preparada para el gran acontecimiento.
La joven María estuvo dispuesta a entregar no sólo su vientre, más aun, su reputación también fue puesta en entre dicho. José, fiel y amante, doblegó su orgullo creyendo a la palabra angelical, aceptando la extraña circunstancia. Zacarías y Elisabet, vieron palidecer su ilusión como padres ante la concepción de Jesús en el vientre de María, a quien reverenciaron y llamaron Señor.
Cómo ignorar la devoción de los pastores que abandonan sus rebaños para correr al pesebre, dar las buenas nuevas al pueblo y glorificar a Dios por lo acontecido. O a los magos de oriente quienes para vivir su primera Navidad tuvieron que recorrer tan largo camino, enfrentar a Herodes, interpretar la profecía, seguir la estrella, abrir sus tesoros, entregar ofrendas y así adorar al Cristo encarnado.
Cada uno de los que participaron en la primera Navidad preparó su corazón y vida a fin de experimentarla con la actitud correcta. La disposición a entregarlo todo aceptando la palabra que Dios les daba dominó sus corazones. No fueron las luces artificiales las que adornaron el pesebre. No fueron los centros comerciales el lugar de encuentro. No el negocio, ni la compra venta el espíritu que reinó.
La atmosfera que dominó no fue la de la venta especial, ni la del viernes negro. El clima que saturó el ambiente, fue las loas, el primer villancico fue el Magníficat, la adoración, la ofrenda, los corazones humillados y la proclamación sin temor de que el Hijo de Dios, el Cristo, había llegado a este mundo.
Las palabras de María deben dominar nuestras actitudes en esta Navidad: “Hágase conmigo, conforme a tu palabra”. La Navidad no es tiempo para satisfacer nuestros caprichos, es más bien la época en que todos debemos preguntar: ¿Qué dice Dios? Y así decidir vivir. No es el momento de pedir regalos, sino el de recibir el regalo que Dios nos envió, a Jesús el Salvador.
Y de entregar el regalo que él está esperando de nosotros todos, nuestro corazón. Cualquier celebración será una burla de temporada sino incluye la entrega incondicional de nuestros corazones a Jesús. Cualquier luz será fugaz sino la encendemos con fuego de amor sincero por nuestro Señor Jesucristo.
En el pesebre todos estaban preparados para celebrar la Navidad, recibiendo al Cristo. ¿Y usted, ya se preparó?
Una mujer, asistente regular de la iglesia, fue diagnosticada con una enfermedad incurable y le dieron sólo tres meses de vida. Fue así que empezó a poner sus cosas “en orden”. Contactó al pastor y lo citó en su casa para discutir algunos aspectos de su última voluntad. Le dijo qué himnos quería que se cantaran en su servicio funeral, qué lecturas hacer y con qué traje deseaba ser enterrada. La mujer también solicitó ser enterrada con su Biblia favorita. Todo estaba en orden y el pastor se preparaba para marchar cuando la mujer recordó algo que según dijo era muy importante para ella. – Hay algo más, dijo ella exaltada. – ¿Qué es?, preguntó el pastor. – Esto es muy importante, continuó la mujer. Quiero ser enterrada con un tenedor en mi mano derecha.
El pastor quedó impávido mirando a la mujer, sin saber exactamente qué decir. – Eso lo sorprende o no? preguntó la mujer – Bueno, para ser honesto, estoy intrigado con la solicitud, dijo el pastor. Aunque este ya había enterrado a una persona con un teléfono celular en su mano y a una mujer con una muñeca. La mujer explicó: – En todos los años que he asistido a eventos sociales y cenas de compromiso, siempre recuerdo que cuando se retiraban los platos del platillo principal, alguien inevitablemente se agachaba y decía, “Quédese con su tenedor”. Era mi parte favorita porque sabía que algo mejor estaba por venir, como pastel de chocolate o pastel de manzana. ¡Algo maravilloso y sustancioso! Así que quiero que la gente me vea dentro de mi ataúd con un tenedor en mi mano y quiero que se pregunten: “¿Qué pasa con el tenedor?” Después quiero que usted les diga: “Se quedó con su tenedor porque lo mejor está por venir.”
Los ojos del pastor se llenaron de lágrimas de alegría mientras abrazaba a la mujer despidiéndose. El sabía que esta sería una de las últimas veces que la vería antes de su muerte. Pero también sabía que la mujer tenía un mejor concepto de la esperanza cristiana que él mismo. Ella sabía que algo mejor estaba por venir. Durante el funeral, la gente pasaba por el ataúd de la mujer y veían el precioso vestido que llevaba, su Biblia favorita y el tenedor puesto en su mano derecha. Una y otra vez el pastor escuchó la pregunta: “¿Qué pasa con el tenedor?”. Y una y otra vez sonrió.
Durante su mensaje, el pastor les platicó a las personas la conversación que había tenido con la mujer hacía sólo unos días. También les habló acerca del tenedor y qué era lo que significaba para ella. El pastor les comentó a los presentes cómo él no podía dejar de pensar en el tenedor y también que probablemente ellos tampoco podrían dejar de hacerlo.
Estaba en lo correcto. Así que, la próxima vez que tome en sus manos un tenedor, no podrá evitar recordar que: Lo mejor está aún por venir.
Por Dr. Díaz-Pabón
Como si fuera un sueño, avanzamos en el siglo veintiuno a velocidad crucero. Ya se aproxima el fin del año número 11 de este siglo, y continuamos preguntando: ¿Qué plan tiene Dios para su iglesia ahora? En este siglo: ¿qué tendrá que hacer la iglesia, diferente, para prevalecer en medio de tanta confusión, ataques y dudas? Billy Graham dijo una vez que esta etapa tendría que ser llamada, del Espíritu Santo. Y alguien más dijo: “En el siglo veintiuno, la iglesia del Señor entra en un histórico avivamiento o deja de ser”.
Pentecostés no ha pasado de moda.
La iglesia nació en medio de un poderoso mover del Espíritu Santo donde era cosa cotidiana ver la acción de Dios y su manifestación en medio del pueblo. No se trató de un hombre ungido a quien Dios usara de manera asombrosa. Fue más bien, la manifestación asombrosa de Dios a través de la iglesia. Vienen días donde veremos esto con mayor gloria que nunca antes. Porque sé que así ocurrirá, insisto en que Pentecostés no ha terminado, sino que está comenzando.
¿Cuál es nuestra responsabilidad?
Cuando sabemos que el corazón de Dios señala un camino, tenemos que orientar el nuestro en esa misma dirección. Dios dijo que en los postreros días habría de derramar de su Espíritu sobre toda carne. Aun estamos viviendo esa etapa que la Biblia llama “los postreros días”. Por lo tanto, es ahora cuando está ocurriendo ese derramamiento. No tenemos que hacer nada para convencer a Dios de derramar su Espíritu Santo. Dios está decidido a hacerlo porque ese ha sido su plan desde siempre.
¿Qué impide que ocurra?
Nada puede impedirlo. Dios lo está haciendo y hay muchos que están viviendo momentos gloriosos en sus vidas y ministerios. En cada época de la historia Dios ha tenido personas que han respondido a los intereses del Reino. Durante el siglo veinte vimos u oímos de manifestaciones maravillosas del Espíritu Santo: Azusa, Gales, Pensacola, Toronto fueron sólo algunos de esos focos de bendición. Fueron lugares donde la iglesia prestó atención y respondió al interés del Espíritu Santo.
Lo mejor está por venir.
En este tiempo ocurrirá mucho más. Entrevistando al Rvdo. Humberto Cruz en un programa de televisión sobre el tema de la Fiesta de Pentecostés me dijo: “Este año no debemos conmemorar la Fiesta de Pentecostés, debemos vivirla”. Sus palabras me estremecieron. No es tiempo de recordar, es tiempo de experimentar. De manera que este año nos estamos preparando para una significativa experiencia. Dios quiere que vivamos Pentecostés: ¡Porque no hay otra opción!
Por Dr. Díaz-Pabón
Durante mi primera visita al “Santuario del libro” en Jerusalén, me cautivó el pensamiento de que aunque había tenido ante mis ojos miles de documentos con contenido escritural, no había podido leer ninguno. Hubo razones válidas para esto. Primeramente que no domino las lenguas originales y lo segundo que casi todos los documentos se encontraban en urnas de cristal donde podían ser apreciadas a cierta distancia y por algunos segundos, cuando la tierna luz que los alumbraba lo permitía.
Alguna vez me pregunté: ¿Cómo será la vida si la Biblia sólo pudiera ser vista en museos? A Francis Schaeffer le escuché comentar una vez: “Si la Biblia nos fuera quitada algunos no la extrañarían” ¿Será cierto que la Biblia se convierte gradualmente en el secreto mejor guardado? Lo de mejor guardado, lo digo con conocimiento de causa. Le compramos cubierta de piel, la colocamos en estantes carísimos, la cuidamos como una pieza de colección y temo que gradualmente se convierta en eso.
Pero, ¿cómo visualizó Dios la función de una Biblia en nuestras manos? Creo que Pablo en su carta a Timoteo lo dice de forma inmejorable. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17) Estos dos versículos nos ofrecen la más clara declaración de la inspiración de la Biblia y de la utilidad de ella.
Pablo deja establecido con claridad meridiana que toda y cada una de las partes de la Biblia es de divina inspiración. Eso debe frenar todo intento por trastocar el documento santo y el atrevimiento de verter opiniones sobre él. Al acercarnos a la Biblia debemos hacerlo con el respeto que requiere su procedencia y propósito. Es para atemperarnos a ella, no para buscar la manera de que ella se atempere a los tiempos.
La Escritura es inspirada por Dios o soplada por Dios. La palabra traducida “inspirada” significa literalmente espirada, exhalada o soplada. La imagen comunica una idea clara y poderosa, cada palabra, sílaba o letra de la Biblia procede de Dios y alienta a quien la recibe. El Espíritu Santo alienta en cada versículo de la Sagrada Escritura. De donde, quien necesite ánimo en su vida con sólo acudir al libro de Dios con la actitud correcta, lo encontrará.
En el caso de 2 Pedro 1:21 el texto original no dice que los escritores de la Biblia fueron inspirados por Dios sino impulsados, movidos por él, de tal manera, que la exactitud y totalidad del contenido de la revelación divina estuviese comprendido en la Biblia al tiempo que la personalidad de cada escritor se mantuviera, por cuanto, no fueron convertidos en meras marionetas. Así es que se puede percibir la personalidad, carácter y formación de cada autor al leer las Escrituras.
Además de inspirada, el versículo dice que es útil. Eso nos aleja de la idea de un libro viejo y arcaico. La Biblia no puede ser tratada como un hallazgo arqueológico importante para antiguas generaciones. La Biblia es pertinente hoy, mañana y siempre. El término útil revela el objetivo con el cual nos fue dada. La Biblia no debe ser vista como una guía de culto sino como un manual de vida. En ella encontramos no sólo dirección para los encuentros religiosos sino principios para vivir de forma plena, descubriendo y experimentando la razón por la cual fuimos creados.
Las Escrituras son un documento absolutamente práctico. Útil para enseñar, es decir, educar, formar, guiar al hombre en la tierra y camino al cielo. Útil para redargüir, o mostrarnos cuando estamos andando mal. Útil para corregir, porque no basta con saber que lo estamos haciendo mal sino que es necesario enderezar lo torcido, enmendar los errores o rehacer lo mal hecho. Útil para instruir en justicia o como dice Matthew Henry “echando mano de la disciplina necesaria”.
Esta descripción de la utilidad de las Escrituras nos permite ver el propósito de ella en la vida del hombre. La idea es que el hombre sea apto, equipado, capaz, preparado para todo lo bueno para lo que fuimos creados. Es la Palabra de Dios la que nos ajusta y balancea proporcionalmente para realizar o cumplir con ese determinado trabajo que Dios tiene para cada determinado individuo.
Cuando un domingo terminé de predicar sobre estos versículos un joven de nuestra congregación me dijo: “¡Wow! Pastor, usted debe escribir un manual para aprender a vivir” A lo que conteste: “Sería un plagio, porque ya está escrito. Lo llamamos Biblia.”
No es necesario reescribir la Biblia, sólo necesitamos bajarla de los estantes, desempolvarla y darle el uso para el que fue diseñada. No permitamos que la Biblia se convierta en una pieza de museo. La Biblia es una herramienta de trabajo, úsela y vívala. No permita que siga siendo “El Secreto Mejor Guardado”
Por Dr. Díaz-Pabón
He oído decir a alguien, “Cualquiera puede contar los granos de maíz en una mazorca, pero quién puede contar cuántas mazorcas hay en un grano de maíz.” Es enorme lo que Dios ha puesto en cada uno de sus pequeñines. Es pecado permitir que ese potencial termine acumulado en un granero llamado cementerio.
Las ideas, los sueños y el potencial en cada hijo de Dios no tienen límites. Pero cómo sacar esos proyectos del mundo de los sueños y traerlos a la realidad. ¿Cómo saber que las ideas provienen de Dios y no son sólo fantasías y divagación de una mente ocurrente? ¿Cómo tener éxito?
El éxito comienza con confianza en el Dios de las ideas. Quien cree que una idea es divina consulta la fuente para recibir guianza en el proceso de la implementación. Los proyectos divinos siempre vienen con instrucciones. Fe es respetar esas instrucciones. Quien sólo celebra la idea e ignora las indicaciones no prestando atención al autor, convierte la idea en una ilusión. Las ilusiones son fantasías pero las ideas cosa concreta.
Los chinos dicen: “Quien no cuenta con Dios, no sabe contar.” Dios no es sólo la inspiración inicial, es el director del proyecto. Es también el mayor recurso que tenemos. La asistencia logística del Señor paso a paso, confirma su voluntad, en cambio la ausencia de ella, advierte nuestro desvío.
Nuestras mentes sólo pueden producir conforme a su dimensión pero las ideas divinas se caracterizan porque requieren términos superlativos para ser descritas. La voluntad de Dios supera nuestros mayores deseos y a menudo se sorprenderá diciendo: “Esto es sencillamente imposible, se requiere un milagro para lograrlo.” Cuando escuche esas palabras salir de su boca o fluir por su mente, alabe a Dios. Porque no es tiempo de abandonar sino de declarar: “Estoy en la voluntad de Dios por lo tanto en él confiaré”.
Para que un grano dé fruto, vivirá un proceso de muerte. No se trata de maltrato sino de germinación. Por eso no se alarme, a veces le parecerá que Dios le quiere matar pero no es exterminio sino cambio de estilo de vida. Dejar de ser grano para convertirse en matriz de mazorcas es un proceso doloroso. Toda forma de alumbramiento duele, por eso Dios sólo escoge gente capaz, como usted.
Y nunca olvide, el grano contiene más mazorcas que la mazorca granos.
Por Dr. Díaz-Pabón
“Por la fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, preparó un arca para la salvación de su casa, por la cual condenó al mundo, y llegó a ser heredero de justicia que es según la fe.” Hebreos 11:7
Pregunté a un grupo de personas, ¿Para qué Noé construyó un arca? Y comentaron sobre los animales, sobre el diluvio, más animales, la gran inundación, el gran zoológico, preservación de las especies. Resultó entretenida la conversación sólo que nadie se acercó a la declaración de Hebreos 11:7, “…preparó un arca para la salvación de su casa…”
La razón principal fue la familia y lo sigue siendo. Noé no construyó un arca por causa de los animales sino por su familia. Los animales fueron salvados por causa del hombre y no a la inversa. Se construye una casa para la familia, no una familia que se esclavice a una casa.
Noé fue un hombre con una visión extraordinaria. Comprendió la tremenda responsabilidad que comprendía ser cabeza de un hogar. Por eso procuró tener entendimiento de la voluntad de Dios y su palabra. Se presentó ante Dios como sacerdote para oír y ver lo que ni su familia ni otros de su generación habían comprendido. Por esa razón tuvo revelación, supo que vendría un gran diluvio y se preparó a fin de salvar a los suyos. ¿No es esa la función de cada padre?
La obediencia a tiempo fue sumamente importante. Si Noé se hubiese tardado en comenzar la construcción, el arca no hubiese tenido techo al comenzar el diluvio por lo que hubiese sido una enorme bañadera incapaz de flotar. Obedecer a destiempo es desobediencia.
Los materiales no podían ser de inferior calidad. Los pasajeros eran muy importantes y se requería de la mejor madera. Cuando hacemos algo para Dios excelencia debe ser la regla general. Noé no tenía una idea clara de lo que sería el diluvio pero su disposición a la obediencia garantizó que pese a su ignorancia el proyecto fuera un éxito total. No tuvo de qué lamentarse porque su obediencia ocurrió en tiempo oportuno y detalle preciso.
Eso es ser buen padre y padre con visión. Sólo de esa forma se puede transmitir visión a la familia. Es realmente impresionante que dadas las circunstancias en que vivía Noé fuera capaz no sólo de buscar y oír a Dios en medio de una generación perversa sino de obedecerle. Pero aun más impresionante es que su esposa lo siguiera. ¿Cuántas mujeres hoy, acompañarían a sus maridos en una empresa de esta magnitud. Noé gozaba de admiración en el núcleo familiar por su buen testimonio.
Pero si eso es admirable, lo es más, leer que los hijos y esposas entraron con él al arca. Que papá construya un arca lo puedo tolerar pero que me invite a entrar con él, es otra historia. A parte de los tontos, sólo hijos que vean en su padre a un verdadero siervo de Dios harían esto. Pero ¿dígame qué convenció a las nueras? Las esposas de los hijos de Noé lo siguieron igualmente. Nueras siguiendo suegros. Aleluya, esto sí es grande. No tuvieron que arrastrarlas, entraron voluntariamente. ¿Por qué?
Porque vieron que Noé halló gracia ante los ojos de Dios. Sabían que su fe no era fingida. Mi abuelo, Don Moncho Pabón, preguntaría ¿y por dónde le entra el agua al coco? ¿Cómo es que en medio de una generación corrupta, violenta y perversa nace un hombre del calibre de Noé? ¿De dónde le vino la fe?
Siempre que haga esa pregunta y no tenga respuesta indague sobre los abuelos de esa persona. Y no le extrañe si descubre que el abuelo era un gran hombre. Cuando Noé era un niño escuchaba las maravillosas historias de su bisabuelo Enoc. Noé no necesitó ver televisión, él no necesitaba de un superhéroe a quien imitar, porque tenía uno en casa.
Génesis capítulo cinco narra la historia de Enoc. Y Hebreos 11:5 dice: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.” El libro de Judas dice que fue profeta de Dios. Se imagina lo que fue sentarse a escuchar las historias de cómo Dios usó al abuelo de forma tan extraordinaria.
En conclusión, el hogar es el taller donde Dios forma grandes hombres. Los valores se reciben en casa no en el colegio. Los padres transmiten fe a los hijos y sólo un super-abuelo puede tener un super-nieto.
Si lo tiene vivo dele una llamadita y dígale: “Hoy el pastor escribió de ti; Abu, tú eres SUPER.”
Ah, la abuelez, la abuelez…¡Que poder!
Por Dr. Díaz-Pabón
Uno de los más gratos recuerdos que tengo de mi niñez es estar sentado con mi abuela, mamá Juanita, y que ella me contara historias, experiencias o cuentos. Una de las que mejor recuerdo es la de la media cobija, se las cuento.
Don Sarito era una de las personas más apreciadas en el barrio. Dueño de un pequeño abasto donde se le encontraba a toda hora. Desde allí servía a todos sin prejuicios ni discrimen. Él y su esposa tuvieron un solo hijo en quien invirtieron todo lo que tenían para que llegara a ser un profesional. Incluso vendieron aun la pequeña tiendecita para cubrir los gastos de su hijo en la universidad.
Después de la muerte de su esposa a Sarito se le veía muy triste. A los casi ochenta años no tenía las fuerzas para comenzar nuevos proyectos. Lleno de recuerdos pero escaso de recursos esperaba que su hijo, ahora profesional y de buena posición le brindara apoyo. Sin embargo, pasaban los días sin que este apareciera. Así fue que decidió tomar la iniciativa de visitarle para por primera vez en su vida pedirle un favor. Con cierta inseguridad Sarito tocó la puerta de la casa donde vivía el hijo con su familia.
-¡Papá, qué milagro es este!
-Sabes que no acostumbro molestarte, pero me siento muy solo, cansado y viejo.
-Papá, a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que ésta es tu casa.
-Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces, ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡Me siento tan solo!
-¿Quedarte a vivir aquí? Si… claro…pero no sé si estarías a gusto. Tu sabes, la casa es chica…mi esposa es muy especial…y luego los niños…
-Mi hijo olvídalo, no te quiero causar molestias. No te preocupes se que alguien me tenderá la mano.
-No papá, no es eso. Sólo que…no se me ocurre donde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían…o solo que no te moleste…
-¿Qué hijo?
-Dormir en el patio…tiene un pequeño techo.
-Dormir en el patio… está bien hijo, lo importante estar cerca de ustedes.
El hijo de Don Sarito llamó a su hijo, el segundo, de unos doce años.
-Dime papá.
-Mira, hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.
-Claro, con gusto…y ¿dónde va a dormir?
-En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.
Nelson subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre.
-¿Qué haces Nelson? ¿Por qué cortas la cobija de tu abuelo?
-Es que estaba pensando papá…
-¿Pensando en qué?
-En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas ya viejo y vayas a vivir a mi casa.
Créanme que todavía siento lo mismo que sentí la primera vez que oí esta historia. La vida es un proceso de siembra y cosecha. Con temor y temblor debemos bendecir a todo el que podamos, sabiendo que: “A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.” Proverbios 19:17