Adios A Un Verdadero Apóstol

Por Luis Ángel Díaz-Pabón

 El Hno. Pablo nació, en la isla de Puerto Rico, el 24 de septiembre de 1921, murió en California hoy 27 de enero de 2012, un gigante de Dios y verdadero apóstol. Desarrolló un influyente ministerio evangelístico a través de toda la América Latina. Su programa “Un Mensaje a la Conciencia” sirvió de nodriza espiritual a miles durante varias generaciones.

Somos muchos los que nos criamos espiritualmente escuchándolo diariamente. Al tiempo que fuimos influenciados por su carácter, palabra y fiel testimonio. Setenta años de matrimonio lo convierten en parte de un selecto grupo de hombres distinguidos. La ausencia de escándalos en su ministerio inspira a la iglesia de hoy y da un claro mensaje: Se Puede.

Entre las experiencias que atesoro como siervo de Dios, está la de haber conocido a este insigne ministro y en alguna ocasión haber compartido con él el mismo púlpito.

El siglo XX conoció a un gigante, hoy el siglo XXI entierra a un santo y el cielo recibe a otro “buen siervo y fiel”. En lo que respecta a nosotros, seremos responsables de seguir sus pasos. Deseo creer que esta generación verá a otros como Pablo. Pido a Dios que las generaciones futuras tengan el privilegio que yo tuve, ver a un ser de carne y hueso vivir la vida de Cristo.

Hasta luego Hno. Pablo y sepa usted, que su Mensaje quedó en mi Conciencia.

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Guatemala

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CONFERENCIAS ENERO 2012
DE IGLESIA EVANGELICA PUERTA DEL CIELO CENTRAL

DEL 26 AL 29 DE ENERO
LUGAR: 33AV. 7-69 ZONA 7 TIKAL II GUATEMALA.

LA PALABRA DE DIOS SERA IMPARTIDA POR EL PASTOR Y EVANGELISTA
DR. LUIS ÁNGEL DÍAZ-PABÓN
DE MIAMI USA

EN LA ALABANZA A NUESTRO DIOS:
DANNY BERRIOS
DE MIAMI USA

ENTRADA GRATUITA
JUEVES 26 7:00 PM VIERNES 27 7:00 PM
SABADO 28 2:30 PM TARDE DE ALABANZA
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DOMINGO 29 9:30 AM Y CLAUSURA 4:30 PM

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Pues nada… pequeñeces

Por Dr. Díaz-Pabón

Adriana había esperado un par de años a que llegara ese otoño para visitar a su sobrina quien vivía en un condado distante al otro lado del bosque. Visitar a su sobrina no era sólo una excusa, aunque realmente la fecha había sido particularmente elegida y se sentía emocionada considerando la oportunidad que tendría de contemplar de cerca la naturaleza en la intensidad colorida de la temporada.

Soñó con esta travesía tantas veces y se preparó con cámara, binoculares y ropa cómoda. Estaría sentada en el lado derecho del tren porque era sabido que desde allí tendría el mejor panorama. Decía para sí misma, quiero devorar el paisaje y retratar cada estampa.

Abordó con la emoción a flor de piel. Entró a su cabina y una vez el tren abandonó la estación, ella inició su proceso de acomodo. Traía tantas cosas, maleta, bolsos, regalos, almohada, filmadora, cámara y computadora para almacenar todas las fotos que fueran necesarias. La idea era estar lista. Arregló el asiento, las cortinas y fue al baño para asearse y poder concentrarse sin distracción en su esperado viaje. Ya todo estaba en su lugar y al alcance de la mano para cuando fuera necesario.

Regresando del baño para finalmente iniciar tranquila la contemplación, escuchó la voz del conductor que anunciaba el nombre de la estación a la que se dirigía Adriana, ¡habían llegado! “No puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido,” comentó ella, “si hubiese sabido que llegaríamos tan pronto no habría perdido tiempo en pequeñeces”.

Cuanto se parece la experiencia de Adriana al viaje de nuestras vidas. Ocupados en la rutina, perdemos lo más importante. Cortos de vista, incapaces de contemplar la gloria que se nos ofrece de continuo, distraídos no levantamos los ojos ni percibimos el propósito eterno. Finalmente, se nos acaban los días y preguntamos, ¿Qué he hecho?, pues nada…pequeñeces.

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Si fueran dólares, ¿Sería mejor?

Por Dr. Díaz-Pabón

Durante mi reciente viaje a Panamá una persona se me acercó para regalarme una tarjeta que decía: Dios deposita cada día a la cuenta de su vida 86,400 segundos. ¿Qué piensa hacer con ellos? Un simpático curioso me miraba intrigado. Le mostré la tarjetita y entre risas me comentó: Si fueran dólares, sería mejor.

El pensamiento me acompañó a la habitación. De inmediato hice el cálculo, 24 horas por 60 minutos es igual a: 1,440 minutos, multiplicado por 60 segundos es igual a: 86,400 segundo. Qué interesante, no sé si alguna vez había hecho el cálculo. De seguro que en el colegio lo debo haber hecho pero no lo recuerdo.

Me sentí rico. Dios deposita 86,400 segundos en mi vida cada día. ¡Qué inversión! ¡Qué confianza debe tenerme para que deposite tanto a mi favor! No, mi curioso amigo no tenía razón. El depósito divino en nosotros no se puede medir en dólares. Dios nos da algo mucho mayor. El nos ofrenda el presente.

Piénselo, si diariamente le depositaran en el banco $86,400.00 y a las 12:00 de la media noche el saldo no usado desapareciera y a las 12:01 le depositaran otros $86,400.00 y así ocurriera cada día. ¿Cuál sería su conducta? ¿Cómo actuaría? Por supuesto que ante tal dádiva la respuesta ha de ser aprovecharlo al máximo cada día. No dejar en la cuenta ni un centavo. Extraer el mayor resultado y prepararse para hacer lo mismo el próximo día.

Los depósitos diarios expiran cada día y la pérdida es suya si no los aprovecha. Perder el hoy es perderlo todo porque el tiempo no puede ser recuperado. Ocupar el presente peleando con un pasado inalterable o fantaseando con un futuro incierto es perder el hoy. Sólo enmienda el pasado aquel que rectifica hoy y tiene futuro quien edifica en el presente.

El valor de un año lo conoce…Quien va a la prisión injustamente.
El valor de un mes lo conoce…La madre que tuvo un bebé prematuro.
El valor de una semana lo conoce…El editor de una revista dominical.
El valor de un día lo conoce…Quien espera los resultados de un laboratorio.
El valor de una hora lo conoce…El enamorado que espera a su amada.
El valor de un minuto lo conoce…Quien perdió el tren.
El valor de un segundo lo conoce…Quien cayó al agua sin saber nadar.
El valor de una décima de segundo lo conoce…Quien llegó en segundo lugar en las Olimpiadas.

Ante tan valiosa dádiva divina lo menos que podemos hacer es ser diligentes. Despertar del letargo y vivir con intensidad, hoy. Ni calcule cuánto le resta al saldo de hoy. Simplemente aproveche el resto. Tome mi consejo, que el tiempo vale más que el oro.

Que me falta por contestar algo. Que ¿a qué vamos a dedicar tan valioso tesoro? La pregunta no es a qué sino a quién. La respuesta es: Al dador del tiempo. Dedique cada segundo a Jesucristo con pasión y deje que él se encargue de lo demás. ¿Dólares? Esos también están en las añadiduras.

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Somos Formados

En tiempos difíciles somos formados. La traición desafía nuestra fidelidad. Las decepciones aumentan nuestra resistencia. La experiencia amplía nuestra estrechez mental. El dolor desarrolla nuestra compasión. Los obstáculos estimulan nuestra creatividad. El temor propulsa la sabiduría. Los años nos hacen útiles. Los errores nos enseñan a amar. Porque Dios dispone todas las cosas a favor de quienes le aman.

Pastor Díaz-Pabón

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¿Ya Se Preparó Para La Navidad?

por Dr. Díaz-Pabón

“.. Hágase conmigo, conforme a tu palabra”

Lucas 1:38

Una mirada a la primera Navidad evidencia grandes contrastes con lo que sucede en nuestros días. Lo que me mueve a escribir no es lo que abunda hoy y se ausentó en la primera, sino todo lo contrario. Me mueven las cosas que obviamos hoy pero que fueron determinantes en la primera celebración.

La primera Navidad no tuvo la pompa y colorido que tienen las actuales pero el contenido espiritual no tiene comparación. La vida y carácter de cada uno de los personajes principales fue preparada para el gran acontecimiento.

La joven María estuvo dispuesta a entregar no sólo su vientre, más aun, su reputación también fue puesta en entre dicho. José, fiel y amante, doblegó su orgullo creyendo a la palabra angelical, aceptando la extraña circunstancia. Zacarías y Elisabet, vieron palidecer su ilusión como padres ante la concepción de Jesús en el vientre de María, a quien reverenciaron y llamaron Señor.

Cómo ignorar la devoción de los pastores que abandonan sus rebaños para correr al pesebre, dar las buenas nuevas al pueblo y glorificar a Dios por lo acontecido. O a los magos de oriente quienes para vivir su primera Navidad tuvieron que recorrer tan largo camino, enfrentar a Herodes, interpretar la profecía, seguir la estrella, abrir sus tesoros, entregar ofrendas y así adorar al Cristo encarnado.

Cada uno de los que participaron en la primera Navidad preparó su corazón y vida a fin de experimentarla con la actitud correcta. La disposición a entregarlo todo aceptando la palabra que Dios les daba dominó sus corazones. No fueron las luces artificiales las que adornaron el pesebre. No fueron los centros comerciales el lugar de encuentro. No el negocio, ni la compra venta el espíritu que reinó.

La atmosfera que dominó no fue la de la venta especial, ni la del viernes negro. El clima que saturó el ambiente, fue las loas, el primer villancico fue el Magníficat, la adoración, la ofrenda, los corazones humillados y la proclamación sin temor de que el Hijo de Dios, el Cristo, había llegado a este mundo.

Las palabras de María deben dominar nuestras actitudes en esta Navidad: “Hágase conmigo, conforme a tu palabra”. La Navidad no es tiempo para satisfacer nuestros caprichos, es más bien la época en que todos debemos preguntar: ¿Qué dice Dios? Y así decidir vivir. No es el momento de pedir regalos, sino el de recibir el regalo que Dios nos envió, a Jesús el Salvador.

Y de entregar el regalo que él está esperando de nosotros todos, nuestro corazón. Cualquier celebración será una burla de temporada sino incluye la entrega incondicional de nuestros corazones a Jesús. Cualquier luz será fugaz sino la encendemos con fuego de amor sincero por nuestro Señor Jesucristo.

En el pesebre todos estaban preparados para celebrar la Navidad, recibiendo al Cristo. ¿Y usted, ya se preparó?

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Piense y Dé Gracias

Si no ha dado gracias por haberse levantado de la cama esta mañana… Piense cuantos no pueden. Un millón de personas no va a sobrevivir esta semana.

Si no ha dado gracias por no haber experimentado el peligro de una guerra, la soledad del encarcelamiento, la agonía de la tortura, o la angustia del hambre… Piense en 500 millones de sus hermanos que lo sufren en este momento.

Si no ha dado gracias por poder asistir a la iglesia sin temor de ser acosado, arrestado, torturado, o matado… Piense que tres billones de sus hermanos en el mundo no gozan de esa libertad.

Si no ha dado gracias por tener alimentos en el refrigerador, ropa para vestir, un techo sobre su cabeza, y un lugar donde dormir… Piense que usted es más rico que el 75% de sus hermanos.

Si no ha dado gracias por tener dinero en el banco, en su billetera, y menudo o cambio en algún lugar de su casa… Piense está en el tope del 8% de los ricos del mundo.

 ¿Lo había pensado? Usted es alguien muy especial para Dios y un privilegiado. Tiene más razones para dar gracias que la mayoría de las personas. Haga un alto, vuélvase a Dios y dele muchas gracias.

Adaptado por:

Dr. Díaz-Pabón

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Quédese Con Su Tenedor

 Una mujer, asistente regular de la iglesia, fue diagnosticada con una enfermedad incurable y le dieron sólo tres meses de vida. Fue así que empezó a poner sus cosas “en orden”. Contactó al pastor y lo citó en su casa para discutir algunos aspectos de su última voluntad. Le dijo qué himnos quería que se cantaran en su servicio funeral, qué lecturas hacer y con qué traje deseaba ser enterrada. La mujer también solicitó ser enterrada con su Biblia favorita. Todo estaba en orden y el pastor se preparaba para marchar cuando la mujer recordó algo que según dijo era muy importante para ella. – Hay algo más, dijo ella exaltada. – ¿Qué es?, preguntó el pastor. – Esto es muy importante, continuó la mujer. Quiero ser enterrada con un tenedor en mi mano derecha.

El pastor quedó impávido mirando a la mujer, sin saber exactamente qué decir. – Eso lo sorprende o no? preguntó la mujer – Bueno, para ser honesto, estoy intrigado con la solicitud, dijo el pastor. Aunque este ya había enterrado a una persona con un teléfono celular en su mano y a una mujer con una muñeca. La mujer explicó: – En todos los años que he asistido a eventos sociales y cenas de compromiso, siempre recuerdo que cuando se retiraban los platos del platillo principal, alguien inevitablemente se agachaba y decía, “Quédese con su tenedor”. Era mi parte favorita porque sabía que algo mejor estaba por venir, como pastel de chocolate o pastel de manzana. ¡Algo maravilloso y sustancioso! Así que quiero que la gente me vea dentro de mi ataúd con un tenedor en mi mano y quiero que se pregunten: “¿Qué pasa con el tenedor?” Después quiero que usted les diga: “Se quedó con su tenedor porque lo mejor está por venir.”

Los ojos del pastor se llenaron de lágrimas de alegría mientras abrazaba a la mujer despidiéndose. El sabía que esta sería una de las últimas veces que la vería antes de su muerte. Pero también sabía que la mujer tenía un mejor concepto de la esperanza cristiana que él mismo. Ella sabía que algo mejor estaba por venir. Durante el funeral, la gente pasaba por el ataúd de la mujer y veían el precioso vestido que llevaba, su Biblia favorita y el tenedor puesto en su mano derecha. Una y otra vez el pastor escuchó la pregunta: “¿Qué pasa con el tenedor?”. Y una y otra vez sonrió.

Durante su mensaje, el pastor les platicó a las personas la conversación que había tenido con la mujer hacía sólo unos días. También les habló acerca del tenedor y qué era lo que significaba para ella. El pastor les comentó a los presentes cómo él no podía dejar de pensar en el tenedor y también que probablemente ellos tampoco podrían dejar de hacerlo.

Estaba en lo correcto. Así que, la próxima vez que tome en sus manos un tenedor, no podrá evitar recordar que: Lo mejor está aún por venir.

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Avivamiento: La Única Opción

Por Dr. Díaz-Pabón

Como si fuera un sueño, avanzamos en el siglo veintiuno a velocidad crucero. Ya se aproxima el fin del año número 11 de este siglo, y continuamos preguntando: ¿Qué plan tiene Dios para su iglesia ahora? En este siglo: ¿qué tendrá que hacer la iglesia, diferente, para prevalecer en medio de tanta confusión, ataques y dudas? Billy Graham dijo una vez que esta etapa tendría que ser llamada, del Espíritu Santo. Y alguien más dijo: “En el siglo veintiuno, la iglesia del Señor entra en un histórico avivamiento o deja de ser”.

Pentecostés no ha pasado de moda.

La iglesia nació en medio de un poderoso mover del Espíritu Santo donde era cosa cotidiana ver la acción de Dios y su manifestación en medio del pueblo. No se trató de un hombre ungido a quien Dios usara de manera asombrosa. Fue más bien, la manifestación asombrosa de Dios a través de la iglesia. Vienen días donde veremos esto con mayor gloria que nunca antes. Porque sé que así ocurrirá, insisto en que Pentecostés no ha terminado, sino que está comenzando.

¿Cuál es nuestra responsabilidad?

Cuando sabemos que el corazón de Dios señala un camino, tenemos que orientar el nuestro en esa misma dirección. Dios dijo que en los postreros días habría de derramar de su Espíritu sobre toda carne. Aun estamos viviendo esa etapa que la Biblia llama “los postreros días”. Por lo tanto, es ahora cuando está ocurriendo ese derramamiento. No tenemos que hacer nada para convencer a Dios de derramar su Espíritu Santo. Dios está decidido a hacerlo porque ese ha sido su plan desde siempre.

¿Qué impide que ocurra?

Nada puede impedirlo. Dios lo está haciendo y hay muchos que están viviendo momentos gloriosos en sus vidas y ministerios. En cada época de la historia Dios ha tenido personas que han respondido a los intereses del Reino. Durante el siglo veinte vimos u oímos de manifestaciones maravillosas del Espíritu Santo: Azusa, Gales, Pensacola, Toronto fueron sólo algunos de esos focos de bendición. Fueron lugares donde la iglesia prestó atención y respondió al interés del Espíritu Santo.

Lo mejor está por venir.

En este tiempo ocurrirá mucho más. Entrevistando al Rvdo. Humberto Cruz en un programa de televisión sobre el tema de la Fiesta de Pentecostés me dijo: “Este año no debemos conmemorar la Fiesta de Pentecostés, debemos vivirla”. Sus palabras me estremecieron. No es tiempo de recordar, es tiempo de experimentar. De manera que este año nos estamos preparando para una significativa experiencia. Dios quiere que vivamos Pentecostés: ¡Porque no hay otra opción!

 

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El Secreto Mejor Guardado

Por Dr. Díaz-Pabón

Durante mi primera visita al “Santuario del libro” en Jerusalén, me cautivó el pensamiento de que aunque había tenido ante mis ojos miles de documentos con contenido escritural, no había podido leer ninguno. Hubo razones válidas para esto. Primeramente que no domino las lenguas originales y lo segundo que casi todos los documentos se encontraban en urnas de cristal donde podían ser apreciadas a cierta distancia y por algunos segundos, cuando la tierna luz que los alumbraba lo permitía.

Alguna vez me pregunté: ¿Cómo será la vida si la Biblia sólo pudiera ser vista en museos? A Francis Schaeffer le escuché comentar una vez: “Si la Biblia nos fuera quitada algunos no la extrañarían” ¿Será cierto que la Biblia se convierte gradualmente en el secreto mejor guardado? Lo de mejor guardado, lo digo con conocimiento de causa. Le compramos cubierta de piel, la colocamos en estantes carísimos, la cuidamos como una pieza de colección y temo que gradualmente se convierta en eso.

Pero, ¿cómo visualizó Dios la función de una Biblia en nuestras manos? Creo que Pablo en su carta a Timoteo lo dice de forma inmejorable. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17) Estos dos versículos nos ofrecen la más clara declaración de la inspiración de la Biblia y de la utilidad de ella.

Pablo deja establecido con claridad meridiana que toda y cada una de las partes de la Biblia es de divina inspiración. Eso debe frenar todo intento por trastocar el documento santo y el atrevimiento de verter opiniones sobre él. Al acercarnos a la Biblia debemos hacerlo con el respeto que requiere su procedencia y propósito. Es para atemperarnos a ella, no para buscar la manera de que ella se atempere a los tiempos.

La Escritura es inspirada por Dios o soplada por Dios. La palabra traducida “inspirada” significa literalmente espirada, exhalada o soplada. La imagen comunica una idea clara y poderosa, cada palabra, sílaba o letra de la Biblia procede de Dios y alienta a quien la recibe. El Espíritu Santo alienta en cada versículo de la Sagrada Escritura. De donde, quien necesite ánimo en su vida con sólo acudir al libro de Dios con la actitud correcta, lo encontrará.

En el caso de 2 Pedro 1:21 el texto original no dice que los escritores de la Biblia fueron inspirados por Dios sino impulsados, movidos por él, de tal manera, que la exactitud y totalidad del contenido de la revelación divina estuviese comprendido en la Biblia al tiempo que la personalidad de cada escritor se mantuviera, por cuanto, no fueron convertidos en meras marionetas. Así es que se puede percibir la personalidad, carácter y formación de cada autor al leer las Escrituras.

Además de inspirada, el versículo dice que es útil. Eso nos aleja de la idea de un libro viejo y arcaico. La Biblia no puede ser tratada como un hallazgo arqueológico importante para antiguas generaciones. La Biblia es pertinente hoy, mañana y siempre. El término útil revela el objetivo con el cual nos fue dada. La Biblia no debe ser vista como una guía de culto sino como un manual de vida. En ella encontramos no sólo dirección para los encuentros religiosos sino principios para vivir de forma plena, descubriendo y experimentando la razón por la cual fuimos creados.

Las Escrituras son un documento absolutamente práctico. Útil para enseñar, es decir, educar, formar, guiar al hombre en la tierra y camino al cielo. Útil para redargüir, o mostrarnos cuando estamos andando mal. Útil para corregir, porque no basta con saber que lo estamos haciendo mal sino que es necesario enderezar lo torcido, enmendar los errores o rehacer lo mal hecho. Útil para instruir en justicia o como dice Matthew Henry “echando mano de la disciplina necesaria”.

Esta descripción de la utilidad de las Escrituras nos permite ver el propósito de ella en la vida del hombre. La idea es que el hombre sea apto, equipado, capaz, preparado para todo lo bueno para lo que fuimos creados. Es la Palabra de Dios la que nos ajusta y balancea proporcionalmente para realizar o cumplir con ese determinado trabajo que Dios tiene para cada determinado individuo.

Cuando un domingo terminé de predicar sobre estos versículos un joven de nuestra congregación me dijo: “¡Wow! Pastor, usted debe escribir un manual para aprender a vivir” A lo que conteste: “Sería un plagio, porque ya está escrito. Lo llamamos Biblia.”

No es necesario reescribir la Biblia, sólo necesitamos bajarla de los estantes, desempolvarla y darle el uso para el que fue diseñada. No permitamos que la Biblia se convierta en una pieza de museo. La Biblia es una herramienta de trabajo, úsela y vívala. No permita que siga siendo “El Secreto Mejor Guardado”

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